Ayer, Janet, amiga un poco intensa y loca como yo, me invitó a DRIVEN, un movimiento que se resume en “Be smart, be curious”. Este grupo busca reunir a personas que desde sus trincheras están proponiendo cambios positivos a nuestro país. Una vez más compruebo que no hay nada que destruya barreras y genere puentes entre las personas como una causa o un ideal.
Este espacio exuda buena vibra; basta un cruce de miradas para recibir una sonrisa, una mano estirada y el inicio de una conversación. Se abre un espacio para presentaciones y para que los “veteranos” presenten a sus invitados. La música de Amelie en acordeón tocada por un chavo de 18-19 años cerró este momento y se quedó de trasfondo para continuar las conversaciones.
Sin duda necesitamos muchos más espacios como estos.
Durante décadas la sociedad mexicana se dejó llevar por muy pocos, fue indiferente y apática. Me encanta ser parte de una sociedad que se mueve, que busca transformar y con ideales. Este es el México del que me siento parte…este México que se reúne por las noches para soñar, para planear, para innovar, compartir y proponer.
Let’s build this city!
Hoy en la Universidad Iberoamericana fuimos testigos de lo que realmente pasa con la democracia de nuestro país. El candidato presidencial con más “oportunidad” de ganar las elecciones el próximo primero de julio se presentó a dialogar con los alumnos.
En la carrera de comunicación desde hace…
Calculo que estaríamos a 60 metros del suelo. En ese momento el gran árbol sequoia que escalábamos se juntaba levemente con el árbol vecino. Estábamos esperando al fotógrafo que acomodaba un poco su equipo -15 kilos no son fáciles de tener colgados cuando subes por una cuerda-. Para descansar, apoyé simultáneamente la espalda en el tronco de nuestro árbol y los pies en el tronco del árbol vecino. Lo que sucedió después fue un momento que cortaba el aliento. Lo recordaré siempre, quizá incluso más allá del final de mi tiempo.
El viento balanceaba la parte superior de los árboles, un movimiento tan sutil que fácilmente escapaba a la vista. No era con los ojos que debía experimentarse…era con el cuerpo, era con la espalda apoyada en el tronco en donde el movimiento de este árbol con más de 800 años se conectaba a mi cuerpo y me permitía conectarme no sólo al árbol, sino a su historia, a su cadencia ligada al resto de este ecosistema, a la vida, al mundo. Al ejercer un poco de fuerza en las piernas, podía, incluso moverlo. Olvidé tiempo y espacio, todo era el árbol y el lugar. A esa altura los árboles brillaban de forma particular bajo los rayos del atardecer. Sólo se escuchaba el murmullo de las hojas y de los árboles balanceándose en un ambiente otoñal…¡qué sinfonía ancestral!.
Todos estamos conectados
-Sam, ¡esto es extraordinario! ¡Puedo sentir al árbol!
Sam “oak” Johnson era nuestro guía. No fue fácil encontrarlo cuando al inicio planeamos esta aventura. Son muy pocos los que hacen “Tree Climbing” a manera recreativa y menos aún, los que ofrecen cursos o experiencias de este tipo de forma profesional.
Eligió para nosotros uno de sus árboles favoritos. Al parecer contábamos con el suficiente “background” y locura para subir un árbol de 80-85 metros.
Su afable sonrisa confirmó que conocía de lo que yo le hablaba. Conversamos sobre el punto, ahí, sentados a 60 metros en un árbol en medio de un viejo bosque y sus sonidos, colores y cadencia.
“De esto se trata el Tree Climbing. De olvidar todo. De conectarte a muchos niveles. Primero, contigo mismo, poniendo atención en lo que debes hacer mientras subes; empujo con la pierna, subo el sistema, cuido de no atascar la cuerda, la posición de mi espalda, encontrar mi equilibrio y postura ideal así como mi cadencia. Sin notarlo, estarás a 20 metros…a 30…a 50.
Segundo, conectarte con el árbol. Ha estado ahí por cientos de años. Tu vida está ligada a la suya. Pide permiso y busca convivir con él sin dañarlo. Incluso las hojas muertas sobre la rama albergan vida. Balancéate con él, escúchalo y siéntelo.
Tercero, conéctate con el lugar. Recuerdo de mis clases de biología que en bosques antiguos los árboles se conectan a través de micorrizas en las raíces, se comunican avisándose sobre plagas y clima. Todo está conectado…qué fácil es entenderlo aquí arriba sintiendo el movimiento de este viejo árbol en mi espalda…todo está conectado.
-Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida, es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. (Jefe Seattle al presidente Franklin Pierce, 1854)
Mientras colgaba del árbol y la luz declinaba, pensaba que hoy más que nunca este mensaje tiene tanto sentido. Durante esta década, al parecer lo hemos entendido, o por lo menos, la tierra nos lo está haciendo sentir. El tema ambiental que nos ocupa en este momento junto a la globalización, nos obliga a entender el mensaje: todos estamos conectados…todos y todo.
En el momento en que escribo estas líneas, el COP17 en Durban termina y una vez más, el mundo es incapaz de hacer un frente común a la mayor amenaza que jamás hemos enfrentado como especie. Nuestros intereses particulares parecen estar siempre en primera línea; tenemos las prioridades mal colocadas.
Tree Climbing
La actividad del tree climbing surge en el mundo de la biología y la arboricultura.
Los biólogos descubrieron que en los árboles existían, a diferentes alturas, diversos ecosistemas nunca estudiados así como especies de plantas y animales no descubiertas. Pronto, los científicos comenzaron a subir a los árboles y crear sistemas de cuerdas y arneses para moverse de un árbol a otro de forma cómoda y sin dañar al sujeto de estudio.
El brinco hacia actividad recreativa no fue difícil. Para todo aquel que disfruta los espacios abiertos, la naturaleza y las experiencias fuera de lo común, la idea de subir a grandes árboles y pasar el día e incluso la noche, entre las ramas de los árboles, resulta irresistible.
Una vez en las ramas superiores, hay una gran cantidad de formas de pasar el día. Hay quienes usan sillas especiales que se ponen en el tronco o ramas, pero lo más usual son las hamacas. Diversos estilos para diferentes ocasiones. Si la idea es pasar la noche en el árbol (cosa extraordinaria pues uno se mece levemente en armonía con la brisa) se usan hamacas especiales, las cuales al colocarse se mantienen mucho más horizontales y pueden llevar adaptados incluso mosquiteros.
Obviamente hay una gran cantidad de accesorios para quién se decide por la aventura nocturna, desde en dónde poner tu bebida hasta la bolsa para el libro. Eso sí, siempre respetando el árbol y buscando no dañar ramas ni corteza.
Toda la experiencia es extraordinaria, pero sin duda, la vista que se ofrece al despertar en la copa del árbol recibiendo el sol matinal entre cantos de aves, es simplemente extraordinario.
¿Dónde hacerlo?
Esto es lo extraordinario de esta actividad. ¡En donde sea que haya árboles!. Para principiantes y en los cursos, se suelen preferir a los robles, en especial el roble blanco, gracias a sus fuertes y abundantes ramas. Ahora, que si lo que uno busca es la experiencia de los árboles gigantes, el Pacífico Noroeste (Oregon) y California son famosos por los sequoias o “redwoods”. En Atlanta se encuentra la sede de Tree Climbing International y en Florida uno puede también encontrar buenos compañeros para esta actividad.
No importa como se empiece, lo cierto es que pronto uno se encuentra pensando en el siguiente bosque y en el siguiente árbol a subir. No sé en que parte de la vida dejamos de conectarnos con la naturaleza y de divertirnos con cosas simples. ¿Recuerdas cuando eras niño y subías a los árboles o construías el fuerte o la casa en sus ramas? Tal vez por eso uno lo disfruta tanto. Todo se vuelve más simple. Incluso la relación con el resto de las personas es más simple. Uno encuentra ciertos elementos perdidos en el camino.
Una nueva perspectiva
Cuando surgió la idea de escribir sobre San Francisco, quisimos hacer algo totalmente nuevo. La ciudad contaba con dos temas icónicos que buscábamos aprovechar; El Golden Gate y los Sequoias gigantes.
San Francisco se nos presentó con una carga positiva de mensajes, coincidencias y metáforas, todas relevantes y referentes a los temas que el mundo enfrenta hoy.
La idea original era subir a un árbol gigante y desde ahí ver el Golden Gate y la ciudad de San Francisco como símbolo de la visión única que mueve al mundo, como promesa de un nuevo futuro sin olvidar el espíritu humano que nos ha llevado a realizar cosas extraordinarias. Ese bosque, tristemente, ya no existe; irónicamente, marca que refiere al lado obscuro del ser humano.
En Febrero, el icónico puente Golden Gate cumplirá 75 años. Se le ha declarado, por la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles como una de las maravillas del mundo moderno. En su momento, muchos expertos anunciaban la imposibilidad del proyecto, debido a las difíciles condiciones marítimas, la niebla y los fuertes vientos que prevalecen en la zona. Afortunadamente para los soñadores y creativos, no existe la frase “no se puede”. Una dura lucha ante tantos detractores y una ingeniería innovadora dieron frutos y el puente se inauguró el 27 de Mayo de 1937. Hoy es el puente más fotografiado; su color anaranjado (único pintado de esa forma en su momento), y su imagen, son una celebración a la inventiva y al espíritu humano ante las dificultades.
Una ciudad sostenible
San Francisco porta con orgullo el segundo lugar en el índice de las ciudades más sostenibles en Estados Unidos. Sin embargo, lo que a uno le sorprende es lo bien que San Francisco recicla su basura, principal problema de las grandes ciudades. También fue la primera en prohibir las bolsas de plásticos en las grandes tiendas y supermercados (2007) y en 2008 implementó el mayor programa de incentivos para energía solar . Promueve la instalación de jardines urbanos, los cuales uno puede encontrar ya como parte del recorrido turístico de esta bella ciudad. Están trabajando de forma que toda comida pública servida sea a base de alimentos producidos localmente. En esta ciudad se respira verde. En mi último día, recorrí 20 kilómetros a pie. Nunca pasaron más de 2 minutos antes de que un corredor o alguien en bicicleta pasara a mi lado.
San Francisco tiene muy en la mente el reducir su huella de carbono, sin importar la dirección que el resto del país esté tomando o la incapacidad del mundo por hacer lo que debe hacerse en temas ambientales.
La tarde provoca que la luz dorada descanse sobre el centro de San Francisco; la coincidencia hace que esta sea la ciudad más verde…, como una promesa de las recompensas a obtener si conectamos los puntos con la historia, con nosotros, con la naturaleza…si tomamos las decisiones correctas.
Paso a paso…primero el pie, luego la mano, encontrar nuestra cadencia…y pronto estaremos balanceándonos armoniosamente con la tierra.
Morning Ride, Netherlands
Photo: Wouter van den HeuvelA photo shot in the Netherlands, in a small town called Boskoop. September mornings usually look great, because on many mornings beautiful mist appears. The kid on the bike was on his way to school and had no idea what kind of beautiful display of light took place right behind him.
Floating Lanterns, Thailand
Photo: Patrice CarltonI had planned a recent trip to Thailand in November to coincide with the Loy Krathong celebration because I had seen pictures of the floating lanterns being launched into the sky. However, nothing I had seen prepared me for the incredible magic of experienceing thousands of these lanterns floating into the night sky at once while monks chanted at the Lanna Meditation Center in Chiang Mai. It was one of the most amazing experiences I have ever had.
Hey, atrás de tí!
-Qué?
Atráaas de tíiii!
Oceanic Whitetip Shark, Bahamas
Photo: Brian SkerryOceanic whitetip shark and diver in the Bahamas.
Yellow Birch, Adirondacks
Photo: Michael MelfordOn the trail to Goodnow Mountain, a yellow birch appears to be ingesting a boulder left behind by a glacier. With its tenacious trees and rebounding wildlife, Adirondack Park is a miracle of regeneration. Committed advocates and legal protections written into New York’s state constitution offer hope that it will remain forever wild.